Lo que probablemente nunca verán los aficionados, pero que es fundamental para su experiencia, es la infraestructura tecnológica que opera en silencio para garantizar que sus recuerdos sean solo gratos.
Según cifras estimadas, más de un millón de aficionados de todo el mundo llegaron a la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey para vivir los 13 partidos que convirtieron a nuestro país en sede del Mundial de Futbol. Lo que más recordarán será el golazo de su selección, el ambiente en las calles y la hospitalidad del mexicano.
Sin embargo, lo que probablemente nunca verán, pero que es fundamental para su experiencia, es la infraestructura tecnológica que opera en silencio para garantizar que sus recuerdos sean solo gratos.
Ese es el verdadero éxito de quienes trabajamos en seguridad: ser invisibles. Que nadie note nuestra presencia es la prueba inequívoca de que todo salió bien.
México se preparó durante más de un año para este evento. Las fuerzas del orden, locales, estatales y federales, han trabajado en coordinación. No es un esfuerzo menor. Hoy, buena parte de esa integración es posible gracias a la tecnología.
Uno de los avances más relevantes en materia de comunicaciones ha sido la apertura, hace aproximadamente cinco o seis años, a protocolos modernos como TETRA y P25, los mismos estándares que utilizan Estados Unidos, Canadá y los principales países de Europa.
La apertura a nuevas tecnologías no solo ha modernizado las redes de los cuerpos de seguridad del país, sino que ha reducido sus costos de operación, permitiendo que más estados y municipios inviertan en comunicaciones de misión crítica.
Eso significa que un elemento de seguridad puede comunicarse en tiempo real con su central, ser geolocalizado por sector o cuadrante, recibir alertamientos automáticos si sale de su área de operación y, en caso de emergencia, activar un botón que abre su canal de transmisión sin necesidad de presionar ningún control adicional.
Pero la comunicación es solo una capa de la seguridad. Otra igual de importante es la vigilancia inteligente. Hoy existe tecnología que permite a una cámara de monitoreo urbano detectar automáticamente si un vehículo circula en sentido contrario, si alguien no porta cinturón de seguridad o si la postura corporal de una persona sugiere que está a punto de sacar un arma.
No lo interpreta un humano en ese instante: lo detecta un sistema de videoanalítica que, en fracciones de segundo, manda un alertamiento a los Centros de Comando, Comunicación, Cómputo y Contacto Ciudadano, los famosos C4 o C5 de la localidad.
Esto es relevante porque humanamente es imposible que un monitorista, trabajando jornadas largas frente a un videowall con cincuenta o cien cámaras, mantenga la concentración necesaria para anticipar cada incidente. La tecnología no reemplaza al elemento humano, pero lo potencia.
Todo en tiempo real. Todo integrado.
Por eso insisto siempre en algo: la inversión en seguridad es siempre una buena decisión; debe hacerse en tecnología probada, con casos de éxito comprobables, y acompañada de capacitación real para quienes la operan.
México está tomando con seriedad la oportunidad de mostrarle al mundo no solo su calidad humana, su hospitalidad y su cultura, sino su capacidad de organización y seguridad.
Cuando un gol resuena en el estadio, cuando la afición celebra, cuando cantan, bailan, hay detrás una decisión que les permite tranquilidad; se llama inversión en tecnología para la seguridad pública, y por tanto, para la felicidad de nuestras familias, y ese es el otro gol en el estadio.
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Jorge Morera |
Fuente: El Financiero



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